Día uno (III)
Simón: en un acto de venganza te moví las cosas de los cajones. Ahora el primero de la cocina donde guardabas tus pelotudeces es el cajón donde se guardan mis pelotudeces. Tus demás pelotudeces fueron distribuidas al azar en otros cajones según me fue pareciendo. Podés leer mis libros sólo si los volves a guardar en su bolsa ziploc después. Podés usar mis lapiceras y fibrones de colores. No podés tocar el estetoscopio que traje para chapear en inmigraciones.
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